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Salmo 103 (102): Himno a la misericordia de Dios

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Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura;
él sacia de bienes tus anhelos,
y como un águila se renueva tu juventud.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.

Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro.

Los días del hombre duran lo que la hierba,
florecen como flor del campo,
que el viento la roza, y ya no existe,
su terreno no volverá a verla.

Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza
y recitan y cumplen sus mandatos.

El Señor puso en el cielo su trono,
su soberanía gobierna el universo.
Bendecid al Señor, ángeles suyos,
poderosos ejecutores de sus órdenes,
prontos a la voz de su palabra.

Bendecid al Señor, ejércitos suyos,
servidores que cumplís sus deseos.
Bendecid al Señor, todas sus obras,
en todo lugar de su imperio.

¡Bendice, alma mía, al Señor!



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COMENTARIOS AL SALMO 102

1.-PRIMERA LECTURA: CON ISRAEL

Un pecador perdonado sube al Templo para ofrecer un "sacrificio de acción de gracias", durante el cual hace relato del favor recibido. Acompañado de una muchedumbre de amigos y parientes, a quienes invita a tomar parte en el banquete sacrifical, y asociarse a su acción de graclas. ¡Es un himno al amor de Dios! El Dios de la Alianza. Observemos el paso de la primera persona del singular "mi", "yo", a la primera persona del plural "nosotros", "nos"... En "aquel" pecador habla Israel. ¡La "remisión de los pecados" no es un acto individualista sino comunitario, desde aquellos tiempos! Profunda intuición de la solidaridad de cada pecador con el conjunto de los pecadores... Con "¡el pecado del mundo!"

A-D/AT: Frecuentemente se ha opuesto el Antiguo y el Nuevo Testamento, como si el primero fuera la religión del "temor", y el segundo la religión del "amor". Contemos en este salmo, cuántas veces aparece la palabra "amor" (Hessed), y la palabra " ¡ternura! " ¡Ese es Dios! No, el ¡Dios verdadero en nada se parece al dios que se hicieron los paganos, irritable, justiciero! No, releed este salmo.

SEGUNDA LECTURA: CON JESUS

¡Dios es bueno! ¡Dios es amor! ¡Dios es Padre! Jesús no hará otra cosa que tomar las palabras de este salmo: "con la ternura de un padre con sus hijos"... "Padre nuestro, que estás en los cielos, perdona nuestras ofensas".

Y el resultado de este amor, ¡es el "perdón"! Se escucha ya la parábola del "Hijo pródigo". (Lucas 15,1-32). Se escuchan ya estas palabras: "Amad a vuestros enemigos, entonces seréis hijos del Dios Altísimo, porque El es bondadoso con los ingratos y los malos". (Lucas 6. 27-38).

TERCERA LECTURA: CON NUESTRO TIEMPO

La alegría estalla en este canto. Dejémonos llevar por su impulso alegre, que invita a todos los ángeles y todo el cosmos, a corear su acción de gracias. Grandeza del hombre, que por su "ser espiritual" su "alma", es una especie de microcosmos que resume toda la creación: "¡bendice al Señor alma mía!" Un hombre solo, de rodillas concentra en El toda la alabanza del universo... a condición de ser un "alma", esto es, un pedazo de este cosmos material, pero "interiorizado" y "consciente". Cuando oro, todo el universo ora por mí. ¡Sí, el hombre es grande, él es el cantor del universo! Y sin embargo, ¡qué frágil es el hombre! Pensamiento muy moderno... expresado aquí mediante una imagen inolvidable: la flor del campo, la hierba, que florece por la mañana y se marchita por la tarde.. Con este toque poético desgarrador: "¡nadie vuelve a saber de ella!"

A-/DEBILIDAD-:La maravilla de este salmo y de toda la revelación bíblica, es precisamente esta debilidad del hombre que atrae el amor de Dios. El poeta no encuentra otra explicación para este amor que la siguiente: "El sabe de qué estamos hechos, sabe bien que somos polvo".

Amor "misericordioso", "matricial", como traduce Chouraqui, es decir elabora sin cesar la vida como una fantástica matriz vital... maternal.

Amor "eterno", "desde siempre para siempre". Os parece admirable esta fórmula. Es la fuente misma de la fe en la resurrección.

Amor "fuerte", "poderoso", "todopoderoso".. "más fuerte que la muerte, que reclama tu vida a la muerte", "capaz no solamente de crearte", ¡sino de re-crearte!

Amor "que suscita una respuesta alegre y libre". La sumisión que Dios quiere no es la de un esclavo que tiembla, sino la de un hijo feliz.

NOEL QUESSON
50 SALMOS PARA TODOS LOS DIAS. Tomo I
PAULINAS, 2ª Edición
BOGOTA-COLOMBIA-1988.Págs. 202-205

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2.-Ternura divina

Consolación en el destierro

H/NECESITADO-A: Un ser esencialmente necesitado: eso es el hombre. Es como un inválido que necesita de unas muletas para caminar, de unos brazos o de una silla de ruedas para ser transportado.

Una vez salido a la luz, el hombre es el ser más desvalido de la creación: todo lo tiene que aprender, pero no en virtud de una habilidad instintiva, sino que son los demás los que pacientemente se lo tienen que enseñar, primero a andar, luego a hablar, más tarde a pensar, y a educarse. En suma, tiene que aprender a vivir, y esto entre riesgos e incertidumbres.

Los seres que le preceden en la escala zoológica viven en una gozosa unidad vital con los demás seres. Pero el hombre, al tomar conciencia de sí y saber quién era, comenzó a sentirse como aparte de aquella unidad familiar, y como expulsado de aquella «patria»: solitario y desterrado.

Pero le sucede algo peor. Al sentirse diferente de los demás y solitario, el hombre mide sus límites y, al palpar sus impotencias y sentirse encerrado en ellas, comienza a experimentar la típica sensación de angustia.

Para escaparse de las garras de la angustia, huye cada vez más lejos de sí mismo pero sin salirse de sus fronteras; y se encuentra consigo mismo cada vez más solo, cada vez más hundido en las saladas aguas de la ansiedad, cada vez más lejos de la patria, perdido en la región del frío y de la oscuridad. Su mal es, pues, la soledad, y el destierro, y el frío, y la oscuridad. Necesita de unos brazos, de una patria, de alguien, de Alguien. Al principio y al final su problema es el del amor, el de la consolación: necesita que alguien comparta su soledad, y en este caso la soledad misma fenece.

En la Biblia, en general, y particularmente en los salmos, un Alguien sale al encuentro del hombre, y en este momento la soledad última del hombre queda poblada por la presencia, las lágrimas humanas se evaporan, sus miedos huyen, y la consolación, como un río delicioso, inunda sus valles.

El problema es uno solo: dejarse amar, saberse amado.

Qué mal se siente el hombre cuando es dominado por la sensación de que nadie lo ama, de que nadie está con él, y, peor todavía, cuando percibe que alguien está en contra de él. El problema original, repetimos, y la necesidad fundamental del ser humano es el del amor.

Por eso, las relaciones del hombre con Dios no podían desenvolverse sino en la órbita del amor, y, en esta relación, fue Dios quien marcó el paso y dio el tono, quien amó primero.

* * * * *

D/A: ¿Quién es Dios? ¿Cómo es? ¿Dónde está? Sus reacciones y sentimientos ¿son iguales a los de los hombres? En definitiva, Dios ¿qué es? ¿Orden? ¿Justicia? ¿Fuerza? Cabalgando a lomo de los siglos, en la larga peregrinación de la fe, Dios fue desvelándose lentamente de mil formas pero, en todo caso, de manera fragmentaria, mediante acontecimientos, prodigios de salvación, revelaciones inesperadas hasta que, llegada la plenitud de los tiempos, se nos dio la certeza total: Dios es Amor.

Y ¿qué es el amor? ¿Concepto? ¿Emoción? ¿Convicción? ¿Energía? Nada de eso; otra cosa. Es el movimiento de Dios hacia el hombre. Es Dios mismo en cuanto se aproxima y se inclina sobre el hombre, y lo abraza. En suma, es el fluido vital que mueve las entrañas, el corazón y los brazos de Dios Padre, y todo lo llena de alegría.

Dios-es-Amor, es la flor y fruto, y la espiga dorada, de cuanto el Señor ha venido actuando y hablándonos desde los tiempos antiguos y últimamente a través de su Hijo (Hb 1,1); y, ciertamente, esta afirmación va iluminando retrospectivamente el contenido general de la revelación, y concretamente, los relatos de la creación y de las alianzas. La avalancha de las ternuras divinas que viene desplegándose por los torrentes de la Biblia desemboca finalmente y se condensa en la síntesis de Juan: Dios-es-Amor.

* * * * *

D/A-IMPLOSIVO/TRI: D/A-EXPLOSIVO/CREACION: TRI/CREACION:

Desde siempre vienen realizándose en el Hogar intratrinitario las operaciones implosivas por las que el Padre no es padre sino Paternidad -proceso nunca acabado de engendrar-, y el Hijo no es hijo sino Filiación -proceso nunca acabado de ser engendrado-. Los dos se miran hasta el fondo de sí mismos y nace la Intimidad o Espíritu Santo, que organiza en ese Hogar, una corriente alterna y circular que, como un río, va recorriendo e irrigando las Tres Santas Personas, haciendo que Cada Una tenga todo en común y todo en propiedad, todo lo reciba y todo lo dé... En definitiva, una vida inefable e infinita de amor, vivida al interior. Hubo, pues, en los espacios divinos una formidable condensación de amor, y, -no podía ser de otra manera- tanta acumulación explotó hacia fuera, Dios se salió de sus fronteras y sobrevino la creación, que no es otra cosa sino la fase explosiva del amor. Y en la cumbre de la creación colocó al hombre, hecho a la medida y semejanza de Dios. Y por eso, a Dios le gustó tanto este hombre que se le aproximó una y mil veces para decirle que lo amaba mucho. La Biblia no es otra cosa que una multiforme manifestación de este cariño.

H/INCONSISTENCIA: El Eclesiástico, después de ponderar la inconsistencia humana -como gota de agua en el ancho mar, como un granito de arena en la playa- despliega ante nuestros ojos esta conmovedora letanía: «Por eso el Señor es paciente con los hombres, y derrama sobre ellos su misericordia. El ve y sabe que el final del hombre es lamentable, por eso multiplica su perdón. La misericordía del hombre sólo alcanza a su prójimo; la misericordia del Señor abarca a todo el mundo» (Sir 18,8-14).

D/MISERICORDIA/SAL/135: Y admirado Ben Sirá ante la altura de las benevolencias del Señor a favor del hombre, acaba exclamando: «¿¡Quién será capaz de contar tus misericordias!?» (Sir 18,4). En este sentido el salmo 135 es un espectáculo: 26 veces repite, conmovido, este ritornello ostinato: «Eterna es su misericordia.» Esta misericordia es Dios mismo en cuanto cuida y salva; salvános primeramente por la creación, más tarde por la redención, hoy lo hace a través de nuestras vidas, y seguirá siempre.

Como la madre

D/TERNURA/SAL/102: Como un padre siente ternura por sus hijos siente el Señor ternura por sus fieles (v. 13).

El salmo 102 es el gran salmo de la ternura de Dios. El concepto de amor contiene variados y múltiples alcances, y uno de ellos es el de la ternura. No obstante, a pesar de entrar la ternura en el marco general del amor, tiene ella tales matices que la transforman en algo diferente y especial en el contexto de amor.

La ternura es, ante todo, un movimiento de todo el ser, un movimiento que oscila entre la compasión y la entrega, un movimiento cuajado de calor y proximidad, y con una carga especial de benevolencia. Para expresar este conjunto de matices disponemos en nuestro idioma de otra palabra: cariño.

Allá, en las raíces de la ternura, descubrimos siempre la fragilidad; en ésta nace, se apoya y se alimenta la ternura. Efectivamente, la infancia, la invalidez y la enfermedad, donde quiera que ellas se encuentren, invocan y provocan la ternura; cualquier género de debilidad da origen y propicia el sentimiento de ternura. Por eso, la gran figura en el escenario de la ternura es la figura de la madre.

Ciertamente, la Biblia, cuando intenta expresar el cariño de Dios, siempre saca a relucir la figura paterna, debido sin duda al carácter fuertemente patriarcal de aquella cultura en que se movieron los hombres de la Biblia. No obstante, si analizamos el contenido humano de las actividades divinas, llegaremos a la conclusión de que estamos ante actitudes típicamente maternas: consolación, comprensión, cariño, perdón, benevolencia. En suma, la ternura.

Todo el libro llamado Segundo Isaías (ls 40-55), denominado también el Libro de la Consolación, es un mar de ternura: como pasa el viento ondulando los trigales, pasan por las páginas de este libro, en oleadas sucesivas, la misericordia y la esperanza, inundando todo de consolación: como una madre consuela a su niño, así os consolaré yo, dice el Señor.

Como el viento dispersa la paja por los aires, así el Señor había dispersado a Israel por todos los países de la tierra. Pero se acabó la era de la prueba y de la aflicción; porque si por un «breve instante» Israel había sido abandonado, con un inmenso cariño ha sido de nuevo acogido, y esta vez definitivamente. De ahora en adelante, los montes pueden tambalearse y los cerros irse al fondo del mar, pero mi cariño ya no se moverá de tu lado, dice el Señor que siente ternura por ti (ls 54,10). ¿Acaso puede una madre olvidarse del hijo de sus entrafias que está amamantando? Pues aunque sucediera este imposible, yo nunca me olvidaré de ti (Is 49,15).

* * * * *

En este contexto general está el salmo 102, salmo en que se han condensado todas las vibraciones de la ternura humana, transferidas esta vez a los espacios divinos. Desde el versículo primero entra el salmista en el escenario, conmovido por la benevolencia divina y levantando en alto el estandarte de la gratitud; salta desde el fondo de sí mismo, dirigiendo a sí mismo la palabra, expresándose en singular que, gramaticalmente, denota un grado intenso de intimidad, utilizando la expresión «alma mía» y concluyendo enseguida «con todo mi ser».

En el versículo segundo continúa todavía en el mismo modo personal, dialogando consigo mismo, conminándose con un -«no olvides sus beneficios». E inmediatamente, -y siempre recordándose a sí mismo- despliega una visión panorámica ante la pantalla de su mente: el Señor perdona las culpas, sana las enfermedades y te ha librado de las garras de la muerte (v. 3-4). No sólo eso: y aquí el salmista se deja arrastrar por una impetuosa corriente, llena de inspiración:

te colma de gracia y ternura,
sacia de bienes todos tus anhelos
y como un águila se renueva tu juventud (v. 4-5).

No importa que te digan que eres polvo y humo, y que, incluso, tú mismo así te experimentes. La gracia y la ternura revestirán tus huesos carcomidos de una nueva primavera, y habrá esplendores de vida sobre tus valles de muerte. ¿Por qué temer? Una juventud que siempre se renueva, como la del águiia, te visitará cada amanecer; y tus anhelos, aquellos que palpitan en tus estancias más secretas, serán completamente saciados de dicha. Todo será obra del Señor. Miedo ¿a qué? ¿Por qué llorar?

En el versículo 6 el salmista hace una transición: de la experiencia personal pasa a la contemplación de los hechos históricos protagonizados por el Señor a favor del pueblo. Fue una historia prodigiosa. Por su pura iniciativa, enteramente gratuita, el Señor extendió sus alas sobre Israel, que fue tribu nómada primero y pueblo esclavizado después, errante de país en país, y siempre despreciado bajo cielos extraños.

Como protagonista absoluto de la historia, el Señor los defendió contra la prepotencia de los poderosos, oscureció la tierra de los opresores, en vez de lluvia les envió granizo, sus viñas y bosques fueron pasto de las llamas, nubes de insectos asolaron sus campos, y en fin, el terror cayó sobre la tierra entera. Y así, los opresores no tuvieron más remedio que dejar en libertad a Israel que fue conducido amorosamente e instalado en la tierra prometida. Todo esto está sintéticamente descrito en los versículos 6 y 7, y ampliamente narrado en el salmo 105.

Misericordia

¡Otra vez la misericordia! Y ¡sea siempre bienvenida! Desde luego no hay otra palabra que mejor defina a Dios; ella expresa admirablemente los rasgos fundamentales del rostro divino. Es, además, hija predilecta del amor y hermana de la sabiduría; nace y vive entre el perdón y la ternura.

Estas dos palabras, entrañablemente emparentadas -ternura y misericordia- sintetizan la riqueza viviente de esos siete magníficos versículos, 8-14, fragmento de sabor tan evangélico.

Todas las experiencias vividas por Israel a lo largo de los siglos, y por el salmista a lo largo de sus años, están expresadas en esa fórmula que parece el artículo fundamental de la fe de Israel: «El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia» (v. 8).

Israel -y el salmista- que ha convivido largos tiempos con el Señor, con todas las alternativas y altibajos de una prolongada convivencia, sabe por experiencia que el ser humano es oscilante, capaz Je deserción y de fidelidad pero que el Señor se mantiene inmutable en su fidelidad, no se cansa de perdonar, comprende siempre porque sabe de qué barro estamos constituidos.

Para El perdonar es comprender, y comprender es saber: sabe que el hombre muchas veces hace lo que no quiere y deja de hacer aquello que le gustaría hacer, que vive permanentemente en aquella encrucijada entre la razón que ve claro el camino a seguir y los impulsos que lo arrastran por rumbos contrarios.

Por eso no le cuesta perdonar, y el perdón va acompañado de ternura, y a esto lo llamamos misericordia, sentimiento-actitud espléndidamente expresado en este versículo: «El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad. El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas» (Sal 145,8). Parece una fórmula litúrgico que, con variantes, va apareciendo en los distintos salmos, y que el pueblo la proclamaba como la verdad fundamental acerca de Dios.

* * * * *

A partir de versículo 9 el salmista se mete en las entrañas mismas de Dios, esto es, de la Misericordia, y, después de desmenuzar todos los tejidos constitutivos, va sacando a la luz los mecanismos e impulsos que mueven el corazón de Dios.

Le han puesto la fama de que no hace otra cosa que levantar el índice y acusar, y de que guarda las cuentas pendientes hasta la tercera o cuarta generación. Pero no sucede nada de eso, sino todo lo contrario: el pueblo sabe que si el Señor nos tratara como lo merecen nuestras culpas, ¿quién podría respirar? Si nos pagara con la fórrnula del «ojo por ojo», para este momento todos nosotros estaríamos aniquilados en el polvo: «No nos tratan como merecen nuestros pecados, ni nos paga según nuestras culpas» (v. lo).

Mucho más. Si nuestras demasías, amontonadas unas encima de otras, alcanzaran la cumbre de una montaña, su ternura alcanza la altura de las estrellas. ¿Hay alguien en el mundo que pueda escudriñar las profundidades del mar y que logre llegar hasta aquellas latitudes últimas, hechas de silencio y oscuridad? Mucho más profundo es el misterio de su amor.

¿Quién consiguió tocar con sus manos las cumbres de las nieves eternas? ¿Qué ojo penetró en las inmensidades del espacio para explorar allí sus misterios? Pues bien; si nuestros desvíos y apostasías tocaran todos los techos del mundo, lo-largo-y-lo-ancho-y-lo-alto-y-loprofundo de su misericordia alcanza y sobrepasa todas las fronteras del universo. Bendice, alma mía, al Señor. «Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles; -como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos» (vv. 11-13).

* * * * *

En los versículos siguientes, la misericordia y la ternura se dan la mano explícitamente: «como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles; porque El conoce nuestra masa, se acuerda de que somos barro» (vv. 13-14). Aquí entran en la danza, sincronizadamente, la comprensión, el perdón, la misericordia y la ternura.

COMPRENSION/QUE-ES:D/COMPRENSIVO: El hombre, «ese desconocido», es digno ¿de compasión?, no, de comprensión. Después de todo, el problema no es el perdonar sino el comprender, y el comprender equivale a tener una visión global y objetiva de alguien, mirar a alguien desde dentro de él mismo. Pero el hombre (uno y único, y encerrado entre sus muros) no es capaz de salirse de sí, entrar en el otro, y observarlo «desde dentro» del otro. Pero Dios, sí, es capaz. Por eso, yo diría que nuestro Dios no es el Dios del perdón sino de la comprensión, y la comprensión deriva rápidamente en la compasión (capacidad de sufrir con), y la compasión desemboca finalmente en la ternura. Este es el proceso que vislumbramos en los versículos 13-14.

Habiéndolo modelado entre sus dedos con un poquito de barro, el Señor conoce perfectamente la madera y el misterio del hombre: éste desea mucho y puede poco. La razón le dice una cosa, y la emoción, otra. Lucha por agradar al otro, y no lo consigue. Se esfuerza por vivir en armonía con todos y frecuentemente vive en conflicto. Largos años bregó para ser humilde y equilibrado y no puede. Su mente es una prisión en la que se siente encerrado, y le es imposible salir de ese cerco. Sin poder comprenderse, desconocido para sí mismo, en posesión de una existencia y una personalidad que él no las escogió, nacido para morir, sin poder actuar como él desearía, sin saber qué hacer consigo mismo...

¿Cómo no sentir piedad por un ser tan desdichado? Conociéndolo por dentro, como Dios lo conoce, ¿cómo no se le derretirán las entrañas ante misterio tan doloroso? La comprensión, la compasión y la ternura (en una palabra, la misericordia) son los sentimientos naturales que inevitablemente surgen en el corazón de Dios, cuando se asoma al barro humano. Por eso afirmo que hay una enorme sabiduría en los versículos 13-14, en que, ante la contemplación de la miseria humana, no surge en el corazón de Dios cólera sino ternura.

Hay en el libro de la Sabiduría un fragmento enternecedor que sintetiza el espíritu del salmo 102: «Te compadeces de todos porque todo lo puedes, y disimulas los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres, y nada de lo que hiciste aborreces; pues si algo odiases, no lo hubieras creado. Mas Tú todo lo perdonas porque todo es tuyo, Señor que amas la vida» (Sab 11,23- 26). Perdona y ama, y no puede dejar de amar.

Repetimos: ante la miseria moral y la fragilidad humana, Dios en lugar de sentir rencor y cólera, siente piedad y compasión. Y no podía ser de otra manera porque nos conoce mejor que nosotros a nosotros mismos, y por eso nos comprende y perdona más fácilmente que nosotros a nosotros mismos. De donde deducimos ¡qué sabio y realista es el contenido de la revelación de Jesús! cuando dice que los últimos serán los primeros, que los pobres son especialmente amados, que los heridos y pecadores se llevan las preferencias y cuidados del Padre y que, en fin, el Papá-Dios vuelca todo su cariño sobre la resaca humana que deja el río de la vida; y que, cuanto más miseria, mayor ternura, porque, al fínal, sólo el amor puede sanar la miseria. ¡Cuánta sabiduría!

* * * * *

En los cuatro siguientes versículos (vv. 15-18) mantiene el salmista el mismo motivo central; y viene a decirnos que la caducidad y fugacidad humanas invocan, por contraste, y provocan la misericordia eterna.

El hombre no vale nada. Es tan solo un sueño. Su vida pasa como una comedia. Sus días son como la risa que se enciende y se apaga, como el heno del campo que por la mañana aparece y por la tarde desaparece. Es, el hombre, una estatua de humo, la roza el viento y ya no existe (v. 16). Una calamidad.

Pero la misericordia brillará como las estrellas eternas por encima de los huesos quemados y las cenizas, y se arremolinará en torno de los débiles, y ceñirá, como un abrazo, esa estatua de sombra que es el hombre para darle vida, y llenar de risa su rostro, y de consistencia sus huesos, y, como una corriente vital irá encendiendo por contacto todas las generaciones hasta que las estrellas se apaguen (vv. 17-18).

¡Hurras, pues, para nuestro compasivo Dios! (vv. 19-22). Formemos una orquesta sinfónica y cósmica con todas las voces del universo, vengan los ejércitos de arriba y los servidores de abajo (v. 21), aproxímense los poderosos ejecutores de sus órdenes, los ángeles (vv. 20), prestemos la voz a los minerales y a los manantiales, a las cumbres nevadas y a las estrellas apagadas para gritar, brazos en alto, todos a una: ¡Aleluya para el que era, es y será! ¡Honor, esplendor y alabanza para Aquel que cabalga eternamente sobre la nube blanca de la Misericordia! ¡Gloria en lo más alto de los cielos!

Y, para terminar, el salmista acalla todas las voces, apaga la orquesta cósmica, desciende en silencio hasta la última soledad de sí mismo, hasta el nivel más profundo de su intimidad, y, con una concentración total, emite esta orden: Bendice, alma mía, al Señor (v. 22).

SALMOS PARA LA VIDA
Publicaciones Claretianas
Madrid-1986. Págs. 135-146
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3. AGTO/ALABANZA/SAL 102

El salmo 102 es un himno de alabanza y gratitud.

Por su estilo y por la altura de su pensamiento sobre Dios, este salmo es uno de los más hermosos del Salterio.

Es un cántico incomparable de agradecimiento al Señor por los beneficios recibidos. El salmista considera los grandes favores que él personalmente ha recibido de Dios. Pero luego pasa a considerar la bondad de Dios para los demás hombres, su providencia y su fidelidad: amor sin medida para el justo, longanimidad para el pecador.

A la vista de tantos favores el salmista invita a su alma a bendecir al Señor, a todo su ser a alabar a Dios, y luego se dirige a todas las criaturas del universo para que alaben al Creador y le agradezcan toda su bondad: a los ángeles, a los ejércitos celestiales, a todas las cosas en todos los lugares, terminando de nuevo, en una inclusión semítica, con las mismas palabras del principio. (Se llama inclusión semítica la forma literaria de terminar una perícopa o fragmento bíblico con la misma palabra o frase con la que había comenzado). Son los favores divinos: la bondad de Dios, su perdón, las gracias que El derrama en abundancia, la comprensión divina de la realidad y de la flaqueza humana, la providencia, etc.

Así como el salmo 103 (104) canta entusiásticamente la creación externa: el universo exterior, el cielo, el sol, los bosques, las montañas los pájaros, los animales del mar y de la tierra, el salmo 102 canta el universo interior del hombre, el camino de su historia, extremadamente rica gracias a los favores de Dios.

Nuestro salmo es un cántico de la humanidad entera, lleno de gratitud a Dios. Es una antología maravillosa de facetas del Dios bíblico, tal vez la colección más vívida e impresionante que encontramos en el Antiguo Testamento, preludio magnifico de la revelación total del Nuevo Testamento, sintetizada en la frase inmortal de san Juan: Dios es amor (1 Jn 4,8.16)

Estructura del salmo

La estructura del salmo es también clara y sencilla, como suele ser la de los himnos, estructura ternaria:

a) Invitación a la propia alma y corazón del salmista a bendecir al Señor (vv. 1-2). b) Motivación: la bondad de Dios en:

1. los favores personales (vv 3-5);
2. los favores dados a la humanidad (vv. 6-19).
c) Aclamación final de toda la creación (vv. 20-22).

Invitación: "Bendice, alma mía, al Señor" El salmista invita a su alma a dar gracias al Señor, a glorificarlo. Y vuelve a repetir la invitación, con el deseo de que no se olvide de ninguno de los innumerables beneficios recibidos. Y así, a continuación, hace, en un sumario, el recuento de los principales favores de Dios: cada versículo, o mejor, cada hemistiquio, recuerdan un beneficio de Dios, una gracia divina que el salmista agradece de corazón.

Motivación

1 ) Favores personales

Lo primero que el salmista agradece a Dios es el perdón de sus pecados, el perdón generoso de Dios. Este perdón lo suelen cantar con frecuencia los salmos: "Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado" (salmo 31).

"Nuestros delitos nos abruman,
pero tú los perdonas" (s. 64).

"Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa" (s. 50).

El pecado es considerado como opresión, como destrucción. El perdón de Dios es liberación, es rehacimiento: por esto el salmista enumera en primer lugar este perdón de Dios.

Le agradece la salud, la curación de sus enfermedades, la superación de sus traumas, el verse como rescatado de la fosa: sería tal vez un peligro mortal en el que se encontraría, pero fue superado por la protección y el auxilio de Dios.

Luego enumera tres aspectos positivos de su vida que son dones de la mano divina: "Te colma de gracia y de ternura": el salmista siente a Dios, siente su bondad y providencia a cada paso, ve colmada su vida con la bendición y la ternura de su Dios. "Sacia de bienes tu vida": todo es don de Dios, todo viene de su mano, y con la abundancia que colma la vida y el corazón.

"Renueva tu juventud como un águila": el águila es símbolo de juventud por su potencia y por la fuerza y vigor que manifiesta con su volar ágil y dominador. Así nos lo describe el profeta Isaías: "Los que confían en Yahvé, él les renovará el vigor, subirán con alas como de águila, volarán velozmente sin cansarse, correrán sin fatigarse" (Is 40,31). Estos eran los favores personales por los que el salmista alaba a Dios. Ahora pasa a los beneficios dados a la humanidad entera.

2) Los favores dados a la humanidad

Seguramente el salmo fue compuesto en un período de paz y prosperidad, cuando la doctrina clásica de la retribución no encontraba dificultad. El salmista no ha sufrido la crisis que expresa el salmo 72 (el sufrimiento del justo y bienestar de los impíos), y así agradece a Dios su justicia, su amparo al oprimido.

Después hace mención expresa de Moisés y de Israel. Nombrar a Moisés es sinónimo del recuerdo de la liberación y de la alianza. A Moisés le manifestó Dios sus designios y a Israel sus obras: designios de salvación expresados en la alianza del Sinaí. Por la alianza el pueblo recibe tantos beneficios, y por ella el salmista se atreve a pedir a Dios justicia y salvación. Y por ella alaba y bendice eternamente a Yahvé.

Vienen ahora siete versículos que son un canto triunfal a la bondad de Yahvé. Describe su modo de proceder con el pueblo:

"El Señor es compasivo y misericordioso..."

En forma de comparación, va ensalzando esa bondad infinita del Señor, incomprensible: bondad y ternura que llega hasta el cielo, como de un padre hacia sus hijos. Bondad hecha de comprensión al conocer la fragilidad de nuestra naturaleza: somos de barro, y Dios lo sabe; por esto se compadece de nosotros y nos perdona.

Podemos recordar la enumeración del salmo 35 sobre los atributos de Dios: "Señor, tu misericordia llega al cielo, / tu fidelidad hasta las nubes; / tu justicia, hasta las altas cordilleras, / tus sentencias son como el océano inmenso".

Ya en la perspectiva del hombre del Antiguo Testamento, la bondad de Yahvé sobresalía entre todos los atributos divinos.

Alude después el salmista a la fragilidad del hombre, comparándolo a la flor del campo, de existencia fugaz. Y esto lo hace en vistas a parangonarla con la perennidad del amor de Dios, con su eterna fidelidad, que dura para siempre, y llena de bendición no sólo a los que cumplen su alianza sino a sus mismos descendientes. Su providencia llega hasta los hijos de aquellos que son fieles a su alianza, la recuerdan y la cumplen.

Haciendo una alusión al poder de Dios, que tiene su trono en el cielo y con su soberanía gobierna el universo, el salmista pasa a la conclusión de su magnífico poema.

Aclamación final

Invitación clamorosa a todas las criaturas a que alaben a Dios, a que lo bendigan para siempre. Invita a los ángeles, a los ejércitos celestiales, a los servidores que cumplen su voluntad: a aquellos que están más cerca de Dios, a alabarle, lo mismo que a todas las obras de sus manos: que todo alabe y bendiga al Señor, dador de tantos beneficios, obrador de tantas maravillas en favor del hombre, del pueblo de Israel, de la humanidad entera.

Y concluye el salmo con la repetición del primer versículo: "Bendice, alma mía, al Señor", cerrando con esta inclusión este himno incomparable que es todo él una bendición exultante, un canto de gratitud sentida, una enseñanza teológica que nos recuerda lo mucho que hemos de agradecer al Señor por sus innumerables beneficios.

J. M. VERNET
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4. ORAR EN TORNO A UN SALMO

Utilizamos mucho los salmos en nuestra oración, sobre todo en la Liturgia de la Horas. Pero a veces no sacamos de ellos toda la fuerza que contienen. La rutina y la materialidad mecánica de su recitación hacen que no sean "experiencia de oración" nuestra. La introducción a la Liturgia de las Horas (IGLH 279) ya advierte que "la celebración no resulte rígida ni artificiosa ni preocupada tan sólo de cumplir con las normas meramente formales", y que lo principal es conseguir que "los esplritus estén movidos por el deseo de la genuina oración de la Iglesia y resulte agradable celebrar las alabanzas divinas".

ORA/ENSEÑARLA: Y cuando el mismo documento enumera lo que los ministros animadores de la comunidad deben considerar su principal deber en torno a la oración, dice que "les incumbe convocar a la comunidad y dirigir su oración'' en concreto "enséñenles a participar sacando motivos de auténtica oración, de forma que logren orar de verdad en la celebración, y encáucenlos mediante una instrucción apropiada hacia la inteligencia cristiana de los Salmos'' (IGLH 23).

Lo que aquí se ofrece como material de celebración es un ejemplo de oración en torno a un solo Salmo. Puede ser el esquema más o menos válido para otros muchos Salmos, para ir profundizando, aparte de las celebraciones propiamente litúrgicas, en las actitudes que ellos nos invitan a tener en nuestra oración.

El salmo elegido, el 102, "bendice, alma mia, al Señor", no se encuentra entre los más usados en la Liturgia de las Horas: está en la hora de Lecturas del miércoles cuarto. Siendo, como es, un poético canto al amor que Dios nos tiene, puede muy bien servir de ambientación a la fiesta del Sagrado Corazón.

1. Ambientación

-se trata, ante todo, de crear un clima, una atmósfera de paz y recogimiento, para que sea posible una oración sentida;

-se puede hacer un momento de silencio, con música suave de fondo;

-o bien escuchar ya un par de estrofas de la grabación del Salmo.

2. Presentación del Salmo

-alguien se tendría que preparar una breve presentación del Salmo elegido, con la ayuda de las muchas publicaciones que tenemos a mano; no se trata tanto de dar una visión exhaustiva de sus contenidos, sino de ambientar su espíritu, de modo que los presentes sepan situarse ante él, y luego hacerlo propio;

-en concreto, la introducción a este Salmo 102 se podría hacer con estas o parecidas palabras:

"Gustad y ved qué bueno es el Señor". "Bendice, alma mía, al Señor". Vamos a rezar un Salmo, el 102, que es una verdadera joya del salterio.

Es un poema que habla del amor que Dios nos tiene y termina como un himno a la misericordia de Dios.

Las primeras estrofas enumeran los favores que el salmista ha recibido de Dios: le ha perdonado su pecado y le ha curado de una grave enfermedad, librándole de la muerte. Pero no es él solo el que ha experimentado este amor de Dios: es todo el pueblo de Israel el que ha ido sabiendo a lo largo de su historia que "el Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia".

Cada uno de nosotros, como personas particulares y como Iglesia, tenemos todavía más motivos que el poeta-salmista que compuso este Salmo para bendecir a Dios por su cercanía y su amor. Y por eso nos vamos a unir a la invitación que se hace a toda la creación para que alabe a Dios. Ante todo, vamos a escuchar tranquilamente la recitación del Salmo".

3. Primera lectura del Salmo

-uno lee despacio y con expresión el Salmo 102 a ser posible desde el ambón (el Salmo es Palabra de Dios); tal vez mejor con música suave de fondo, que no tape la voz, y que dé a la recitación un clima de meditación poética;

-o bien se podría ya decir a dos coros el Salmo; aunque es preferible su escucha atenta; -siguen unos momentos de silencio.

4. Montaje audiovisual

Cabria, si parece oportuno y no va a dispersar la atención, sino reforzarla, utilizar algún montaje que se puede tener o preparar en torno al Salmo elegido; no hay muchos en el mercado. Se pueden usar, por ejemplo, los montajes "Los salmos, oración viva" publicados por la editorial Claret.)

5. Comentario-meditación

-después de escuchar la proclamación del Salmo, hay que crear un espacio de acogida y de eco para asimilar sus actitudes

-puede ser a modo de homilía,
-o bien de comentario abierto entre los presentes,
-o también, en un primer momento, de recitación personal de alguna idea o versículo que particularmente hayan impresionado más;
-lo que sigue aquí, quiere ser una ayuda para captar la intención poética y espiritual del Salmo 102.

6. Pistas para el comentario y la meditación

a) Es un salmo bendicional, de alabanza, que nos invita a una actitud de admiración y alegría, sobre todo por el amor que Dios nos muestra. Empieza y acaba de la misma manera: "bendice, alma mia, al Señor". Es, pues, una autoinvitación a la alabanza, desde lo más profundo del ser, Al final, en el himno solemne con que concluye, invitará también a los ángeles, a los "ejércitos" de Dios (los mismos ángeles) y a la creación entera (las obras de Dios) a bendecir al Dios a quien sirven. Pero lo principal es que cada uno de nosotros -"alma mía"- se decida a esta bendición.

b) Cómo es Dios. El Salmo va describiendo con entusiasmo un retrato de Dios: "perdona, cura, rescata, colma de gracia, sacia de bienes, hace justicia, defiende, enseña...". Pero sobre todo, siguiendo la idea de Moisés (Ex 34,6), llega a la definición: "el Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia"; y hace suyo el comentario del profeta (Is 57,16): "no está siempre acusando, ni guarda rencor perpetuo"... Es una imagen entrañable de un Dios que se muestra perdonador, magnánimo, paciente, Padre. La experiencia la ha tenido el salmista y todo el pueblo de Israel. La cita de Moisés está en el contexto del perdón que Dios ha concedido a su pueblo después de su grave pecado: el becerro de oro.

c) Comparaciones gráficas. El autor del Salmo, en clave poética, no sabe cómo expresar su admiración ante esta paciencia y este amor de Dios:

-"como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles",
-"como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos",
- "como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles"...

d) Cómo somos nosotros. El otro polo de la historia somos nosotros: y ciertamente el panorama no es alentador. El Salmo hace un diagnóstico de nuestra naturaleza humana acentuando sus límites y debilidades. Pero a cada una de estas flaquezas se contrapone el amor de Dios, que es muy superior a todo lo que nosotros podemos experimentar:

-el pecado: "él perdona todas tus culpas", "no nos trata como merecen nuestros pecados" "ni nos paga según nuestras culpas";

-la enfermedad: "y cura todas tus enfermedades", "él rescata tu vida de la fosa", y "como un águila se renueva tu juventud";

-la opresión: "el Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos"; "su justicia pasa de hijos a nietos";

-la caducidad: "los días del hombre duran lo que la hierba...", "pero la misericordia del Señor dura siempre"; "porque él conoce nuestra masa, se acuerda de que somos barro"...

Por encima de toda nuestra historia, que no es nada gloriosa, está el amor y la misericordia de Dios. Y esto lo sabe muy bien el pueblo de Israel, muchas veces reincidente en los mismos pecados y desgracias, pero siempre objeto de la paciencia de un Dios que se le ha mostrado Padre: "enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel". Dios siempre ha superado el mal con su amor.

e) Aplicación a nuestra vida de hoy. Este cuadro de flaquezas humanas, y a la vez experiencia constante del amor de Dios, no es exclusivo de los tiempos del salmista judío: seguimos débiles, pecadores, caducos (somos de barro), oprimidos por enfermedades y angustias...

El Salmo, por tanto, nos invita también a nosotros a ver la vida desde esta perspectiva de admiración y de confianza: estamos en las manos de un Dios que muestra su grandeza no sólo en las obras magnificas de la creación sino sobre todo en su ternura de Padre que siempre está cerca para ayudar y perdonar.

7. El Salmo, rezado desde el Nuevo Testamento

Dentro de este comentario-meditación, el Salmo 102 lo tenemos que decir desde la nueva clave en que nos encontramos los cristianos.

a) Ante todo, cabe preguntarse en qué pasajes evangélicos se nos ha mostrado Dios con esa imagen que el Salmo había descrito:

-la persona misma de su Hijo, Cristo Jesús, la prueba mejor de la cercania y del amor de Dios, sobre todo en el misterio de su Muerte y Resurrección;

-el retrato que Jesús nos hace de Dios: que perdona, que se cuida de los suyos, que se alegra con nosotros;

-Cristo nos ha enseñado a llamar "Padre" a Dios; somos hijos, y no esclavos, en la casa de Dios;

-y él mismo, Cristo, ha aparecido entre nosotros como el que perdona y cura y devuelve la vida.

b) También sería útil que —alternando entre dos lectores— se leyeran con la oportuna pausa algunos pasajes del N. T. que muestran el mismo entusiasmo y admiración por la misericordia de Dios:

-"por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto" (Lc 1,78 = esta es la frase que la Liturgia de las horas antepone al Señor 102);

-"se hizo visible la bondad de Dios y su amor por los hombres" (Tit 3,4);

-"Bendito sea Dios, que nos ha bendecido desde el cielo con toda bendición; la derramó sobre nosotros por medio de su Hijo querido, el cual, con su sangre, nos ha obtenido la liberación, el perdón de los pecados: muestra de su inagotable generosidad" (Ef 1,3.7);

-pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor que nos tuvo, nos dio vida con el Mesías: estáis salvados por pura generosidad" (Ef 2,4-5);

-"el Mesías murió por nosotros cuando éramos aún pecadores: así demuestra Dios el amor que nos tiene" (Rm 5,8);

-"todo lo superamos de sobra gracias al que nos amó; porque estoy convencido de que ni muerte ni vida, ni ángeles ni soberanías, ni lo presente ni lo futuro, ni poderes, ni alturas, ni abismos, ni ninguna otra criatura podrá privarnos de este amor de Dios, presente en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Rm. 8,37-39);

-"si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, la viste Dios así, ¿no hará mucho más por vosotros?" (Mt 6,30);

-"el amor que Dios mantiene entre nosotros ya lo conocemos y nos fiamos de él; Dios es amor: quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios con él" (1 Jn 4,16)...

e) Salmo "cristiano". Si el salmista pudo decir con verdad esta alabanza a Dios, nosotros los cristianos, en unión con Cristo Jesús tenemos muchos más motivos para proclamarlo. Porque en Cristo Jesús hemos experimentado en concreto el amor de Dios. Y porque todavía hoy, en la Iglesia, estamos de lleno sumergidos en los dones de su misericordia. Como la Virgen Marra podemos recitar nuestra alabanza, verdadera glosa cristiana de los Salmos; "proclama mi alma la grandeza del Señor... su misericordia llega a sus fieles de generación en generación".

Cada vez que celebramos la Eucaristía (= bendición, acción de gracias) estamos ejercitando esta actitud de admiración y alabanza a la que el salmo 102 nos invita. Cada vez que celebramos el sacramento de la Reconciliación experimentamos el perdón de Dios y la alegría de una nueva vida: la juventud del águila que remonta de nuevo el vuelo.

8. La "Dives in misericordia", de Juan Pablo II

Para la homilía o para el comentario de este Salmo tenemos un documento privilegiado: la encíclica que en 1980 publicó Juan Pablo II sobre la misericordia de Dios. Son varios los pasajes que se podrían seleccionar (el capítulo que dedica a la misericordia de Dios en el A.T., o en la parábola del hijo pródigo, o en el misterio pascual, o las consecuencias de esta misericordia para la comunidad cristiana...).

Por ejemplo se podría leer pausadamente este extracto de sus primeras páginas:

"Dios rico en misericordia" es el que Jesucristo nos ha revelado como Padre: cabalmente su Hijo, en sí mismo, nos lo ha manifestado y nos lo ha hecho conocer.

En Cristo y por Cristo se hace particularmente visible Dios en su misericordia, esto es, se pone de relieve el atributo de la divinidad que ya en el A.T., sirviéndose de diversos conceptos y términos, definió "misericordia". Cristo no sólo habla de ella, y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica. El mismo es, en cierto modo, la misericordia. A quien la ve y la encuentra en él, Dios se hace concretamente visible como Padre rico en misericordia.

La mentalidad contemporánea, quizás en mayor medida que la del hombre del pasado, parece oponerse al Dios de la misericordia y tiende además a orillar de la vida y arrancar del corazón humano la idea misma de la misericordia. Es una palabra que parece producir una cierta desazón en el hombre, quien, gracias a los adelantos tan enormes de la ciencia y de la técnica, se ha hecho dueño y ha dominado la tierra mucho más que en el pasado. Y este hecho parece no dejar espacio a la misericordia. Pero tenemos que leer la Constitución "Gaudium et Spes", del Concilio, cuando traza la imagen del mundo contemporáneo: "el mundo moderno aparece a la vez poderoso y débil, capaz de lo mejor y lo peor". Revelada en Cristo, la verdad acerca de Dios como Padre de la misericordia, nos permite verlo especialmente cercano al hombre, sobre todo cuando sufre, cuando está amenazado en el núcleo mismo de su existencia y de su dignidad.

Jesús, sobre todo con su estilo de vida y con sus acciones, ha demostrado cómo en el mundo en que vivimos está presente el amor, el amor operante, el amor que se dirige al hombre y abraza todo lo que forma su humanidad, con toda su fragilidad, bien sea física, bien sea moral. Cristo nos revela que Dios es Padre, que es amor, rico en misericordia. Hacer presente al Padre en cuanto amor y misericordia es en la conciencia de Cristo la prueba fundamental de su misión de Mesías"

(9. Salmos actualizados

Si se tiene a mano, según el Salmo que se haya escogido para esta oración, se podría recitar algún texto que sea "paráfrasis" del mismo. Es el caso de los "Salmos" de E. Cardenal, el poeta nicaragüense, o de otros autores que han actualizado los Salmos, respetando su estructura, con lenguaje más explícitamente cercano a nuestra historia).

10. Segunda lectura (canto) del Salmo, por todos

-Unos momentos de silencio, después del comentario, ayudarán a interiorizar en plan meditativo las ideas expresadas;

-y entonces es el momento para que todos canten el Salmo;

-en el caso concreto, siguiendo la música de M. Manzano (Cantoral Nacional n. 518): "gustad y ved qué bueno es el Señor", con todas sus estrofas.

11. Oración sobre el Salmo

-Después de todo este proceso es fácil que salga bastante espontánea una oración personal y comunitaria con los sentimientos del mismo Salmo, aplicados a nuestra vida;

-lo mejor es que esta oración sea libre (con o sin respuesta por parte de los demás);

-el que dirige la oración puede al final concluir con una "oración colecta", a modo de "oración sálmica"; por ejemplo con estas palabras:

Señor, permítenos expresarte nuestra alegría y nuestra gratitud.

Porque tú te has mostrado siempre rico en misericordia, paciente y bondadoso.

Porque en tu Hijo Jesús nos has manifestado tu amor de Padre, que perdona y que cura, que salva y nos llena de bienes.

Nosotros somos débiles, tú bien lo sabes, caducos como la hierba del campo, frágiles y pecadores.

Pero tu amor supera nuestras flaquezas y nos llena de esperanza.

Por eso te bendecimos desde el fondo de nuestro ser.

Acepta nuestra alabanza y sigue guiándonos con tu ternura de Padre, para que cumplamos tu voluntad por los caminos de nuestra vida.

Te lo pedimos por tu Hijo Jesús, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

(J. ALDAZABAL
DOSSIERS-CPL/22


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5.- CONFÍO EN TU MISERICORDIA

«Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. El perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades».

Hoy canto tu misericordia, Señor; tu misericordia, que tanto mi alma como mi cuerpo conocen bien. Tú has perdonado mis culpas y has curado mis enfermedades. Tú has vencido al mal en mí, mal que se mostraba como rebelión en mi alma y corrupción en mi cuerpo. Las dos cosas van juntas. Mi ser es uno e indivisible, y todo cuanto hay en mí, cuerpo y alma, reacciona, ante mis decisiones y mis actos, con dolor o con gozo físico y moral a lo largo del camino de mis días.

Sobre todo ese ser mío se ha extendido ahora tu mano que cura, Señor, con gesto de perdón y de gracia que restaura mi vida y revitaliza mi cuerpo. Hasta mis huesos se alegran cuando siento la presencia de tu bendición en el fondo de mi ser. Gracias, Señor, por tu infinita bondad.

«Como se levanta el cielo sobre la tierra, así se levanta su bondad sobre sus fieles; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos; como un padre siente ternura por sus hijos, así siente el Señor ternura por sus fieles, porque él conoce nuestra masa, se acuerda de que somos barro».

Tú conoces mis flaquezas, porque tú eres quien me has hecho. He fallado muchas veces, y seguiré fallando. Y mi cuerpo reflejará los fallos de mi alma en las averías de sus funciones. Espero que tu misericordia me visite de nuevo, Señor, y sanes mi cuerpo y mi alma como siempre lo has hecho y lo volverás a hacer, porque nunca fallas a los que te aman.

«Él rescata, alma mía, tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura; él sacia de bienes tus anhelos, y como un águila se renueva tu juventud».

Mi vida es vuelo de águila sobre los horizontes de tu gracia. Firme y decidido, sublime y mayestático. Siento que se renueva mi juventud y se afirma mi fortaleza. El cielo entero es mío, porque es tuyo en primer término, y ahora me lo das a mí en mi vuelo. Mi juventud surge en mis venas mientras oteo el mundo con serena alegría y recatado orgullo. ¡Qué grande eres, Señor, que has creado todo esto y a mí con ello! Te bendigo para siempre con todo el agradecimiento de mi alma.

«Bendice, alma mía, al Señor».

Carlos G. Vallés
Busco tu rostro
Orar los Salmos
Sal Terrae, Santander-1989, pás 197 s.

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