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Salmo 72 (Vg 71): Los Días Venturosos del Mesías

SALMO 071
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Si pensamos en el minúsculo rey de Palestina, soberano por algunas generaciones de insignificantes reyes vecinos, este salmo suena a sueño utópico, a adulación cortesana, a fantasía oriental. Salmos como éste, rezados sinceramente por generaciones, han alimentado y ensanchado la esperanza, han cultivado el sentido universalista, han hecho comprender el puesto de un salvador personal. Rezados por el rey presente, eran súplica; rezados por el rey futuro, iban siendo profecía y expectación. Solamente en Cristo alcanza el salmo su plenitud de sentido. 1 [De Salomón.]


Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
2 para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. 

3 Que los montes traigan paz, y los collados justicia;

4 que él defienda a los humildes del pueblo, socorra a los hijos del pobre y quebrante al explotador. 

5 Que dure tanto como el sol, como la luna, de edad en edad;

6 que baje como lluvia sobre el césped, como llovizna que empapa la tierra. 

7 Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna;
8 que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. 

9 Que en su presencia se inclinen sus rivales; que sus enemigos muerdan el polvo;

10 que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Que los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones;
11 que se postren ante él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan.

12 Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector;

13 él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres; 14 él rescatará sus vidas de la violencia, su sangre será preciosa a sus ojos. 

15 Que viva y que le traigan el oro de Saba; que recen por él continuamente y lo bendigan todo el día. 

16 Que haya trigo abundante en los campos, y susurre en lo alto de los montes; que den fruto como el Líbano, y broten las espigas como hierba del campo. 

17 Que su nombre sea eterno, y su fama dure como el sol; que él sea la bendición de todos los pueblos, y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. 

18 Bendito sea el Señor, Dios de Israel, el único que hace maravillas; 19 bendito por siempre su nombre glorioso; que su gloria llene la tierra. ¡Amén, amén!

 [20 Fin de las oraciones de David, hijo de Jesé.]
VV. 1-2. Dios es el juez verdadero, que hace justicia, es decir, defiende el derecho de los humildes. Esta justicia la puede ejercer personalmente, y puede confiársela a uno de sus elegidos, en concreto al rey de la dinastía elegida. De este modo el rey participa de la justicia divina, que debe ejercer puramente en servicio del pueblo.

 VV. 3-4. El régimen de justicia es fuente de paz, como síntesis de bendiciones. Bajo el régimen del Ungido, montes y collados producen estos frutos admirables.

VV. 5-8. Peticiones por el rey. La primera considera un horizonte ilimitado de tiempo, conmensurable con el sol y la luna que son medida de los tiempos; la última, considera un horizonte ilimitado de espacio. Entre las dos el gobierno del rey se compara a la bendición primaria de Dios, que es la lluvia: fecundado el país por esta lluvia benéfica, hará brotar y florecer justicia y paz; así responde al fruto de los montes v. 3.

 VV. 9-11. El rey extenderá su dominio como un soberano sobre reyes vasallos: los enemigos y agresores serán derrotados, los demás rendirán homenaje. El imperio excede los pequeños reinos limítrofes, para abarcar todos los reyes y todos los pueblos: es decir, el rey terreno recibe el poder propio de Dios. Esta es la petición hiperbólica.

 VV. 12-14. Pero esta soberanía no es ansia de poder, dominación tiránica, sino un extender el reinado benéfico de la justicia, a favor de pobres, afligidos, indigentes, oprimidos. Será el salvador universal frente a la violencia, porque considera de gran precio la vida del pobre.
 V. 15. Recoge el tema de la vida, v. 5, y el tema del tributo, v. 10; introduce un nuevo tema que desarrolla en seguida.

 V. 16. El régimen de justicia y paz se completará con la fecundidad de los campos: Dios ha de conceder esta bendición en atención al rey y escuchando las súplicas del pueblo. El rey se convierte en canal de las bendiciones divinas.

 V. 17. El nombre y la fama perpetuarán la vida del rey. Pero más importante es que el rey se hace heredero de la promesa hecha a Abrahán, de ser bendición para todos los pueblos. Los hombres pronunciarán ese nombre "bendito" como cifra y síntesis de felicidad; y ese nombre será, realmente, canal de la bendición divina para todos los pueblos.

 VV. 18-19. Versos añadidos para cerrar la colección segunda de salmos, enlazando con las palabras "nombre, bendición". Lo que el salmo pedía para el rey, lo enuncia y proclama de Dios.[L. Alonso Schökel] Los versículos entre [] no se leen en la liturgia


Salmo 72 (Vg 71): Los Días Venturosos del Mesías

La ocasión de composición de este bello poema parece ser la entronización de algún rey. El poeta desea al nuevo soberano los mejores augurios, y en sus expresiones se reflejan las esperanzas mesiánicas del pueblo israelita, que veía en los reyes de la dinastía los eslabones que llevaban al gran Rey de los tiempos ansiados del futuro ideal y glorioso. Por eso, en la perspectiva del salmista se mezcla la realidad presente y la del futuro mesiánico. Las frases son por ello hiperbólicas, y las situaciones se idealizan. En este sentido, el salmo es sólo indirectamente mesiánico, en cuanto que el poeta ve en el nuevo rey entronizado el eslabón que lleva hacia la culminación de la dinastía davídíca en la persona del Mesías.

 Podemos distinguir cuatro partes en este salmo: a) deseo para el rey de una justicia perfecta y una paz indefectible (1-4); b) descripción del reino eterno y universal mesiánico (5-11); c) especial solicitud con los humildes y menesterosos (12-15); d) fertilidad edénica y gloria del rey (16-17). Finalmente, se añade la doxología a la colección de salmos davídicos (18-19). Literariamente, el poema es una mezcla de plegaria y de manifestaciones oraculares sobre el futuro mesiánico, y así, los verbos oscilan entre el optativo y el futuro. El estilo es vivido, salpicado de matáforas frescas y expresivas; pero el ritmo es poco regular. El título lo atribuye a Salomón. Como hay concomitancias con diversos textos bíblicos de diferentes épocas1, los autores más bien retrasan la composición del poema, aunque en general no hay dificultad en admitir un núcleo primitivo anterior al exilio, cuando la monarquía israelita sintetizaba las esperanzas de grandeza del pueblo elegido.

  La justicia perfecta y la paz indefectible (1-4). 1 De Salomón. Otorga, ¡oh Dios! al rey tu juicio, y tu justicia al hijo del rey, 2 para que juzgue a tu pueblo con justicia, y a tus oprimidos con equidad. 3 Aporten los montes la paz para el pueblo, y los collados la justicia. 4 Haga justicia a los oprimidos del pueblo, salve a los hijos del menesteroso y quebrante a los opresores. Al desfilar el cortejo de la entronización de un nuevo rey, el poeta — llevado de los íntimos sentimientos que embargan a las almas justas — desea en nombre del pueblo lo más ansiado del corazón humano: justicia y paz. El rey, como representante de Dios, es el encargado de dar a cada uno lo que le pertenece, juzgando con equidad y protegiendo contra los opresores a los menesterosos y desvalidos de la sociedad 2.

El salmista, pues, pide a Dios que otorgue al joven soberano el sentido de la equidad. Consecuencia de la justicia es la paz: el orden que surge del equilibrio de derechos y deberes entre los ciudadanos; el poeta ansia que esta paz y esta justicia broten como floración espontánea y abundante en las laderas de las colinas de Judá. Los hagiógrafos — con gran sentido poético de la naturaleza- — suelen asociar las manifestaciones de ésta a la vida social de su pueblo. En los tiempos mesiánicos, todo se transformará en beneficio de los ciudadanos de la nueva teocracia 3. El salmista ansia que la paz y la justicia surjan espontáneamente como un producto natural del suelo4. Las expresiones son poéticas, pero incluyen un sentido profundo moral, ya que expresan las ansias de equidad y de tranquilidad del pueblo, que serán características de los tiempos mesiánicos5. En Is 11:3-9 se dice del Mesías: "No juzgará por vista de ojos ni argüirá por oídas de oídos, sino que juzgará en justicia al pobre y en equidad a los humildes de la tierra.

Y herirá al tirano con los decretos de su boca, y con su aliento matará al impío. La justicia será el cinturón de sus lomos, y la fidelidad el ceñidor de su cintura." El salmista, pues, se hace eco de estas esperanzas de justicia, tan arraigadas en el corazón del hombre y en las ansias de rehabilitación del pueblo oprimido. Sus versos son así una invitación al nuevo rey a reflexionar sobre sus deberes primordiales como juez del pueblo y representante de Yahvé. En su actuar debe acercarse al ideal de los tiempos mesiánicos.

  La idealización del reino mesiánico (5-11). 5 Que dure tanto como el sol y (permanezca) ante la luna de generación en generación. 6 Que descienda como la lluvia sobre el césped, como aguaceros que riegan la tierra. 7 Florezca en sus días la justicia y haya mucha paz mientras dure la luna, 8 Que domine de mar a mar, del río hasta los confines de la tierra6. 9 Ante El se inclinarán los habitantes del desierto7 y sus enemigos morderán el polvo. 10Los reyes de Tarsis y de las islas le ofrecerán sus dones, y los soberanos de Sheba y de Sabá le pagarán tributo. 11 Postraránse ante él todos los reyes y le servirán todos los pueblos. El entusiasmo del poema le hace desear al nuevo soberano largos días de vida, tantos como el sol y la luna 8. Las expresiones son hiperbólicas y encajan dentro del estilo áulico poético de las conmemoraciones solemnes de la vida del rey.

 Pero la mente del salmista — que tiene una visión teológica de la historia de su pueblo y ve en el actual nuevo rey un paso hacia el Rey ideal de los tiempos mesiánicos — se proyecta hacia la etapa definitiva del pueblo elegido, y su imaginación oriental se dispara incontrolada para describir idealmente la futura época tanto tiempo anhelada por los yahvistas, que vivían de las promesas divinas: abundantes lluvias, paz edénica duradera, conforme a los vaticinios de los profetas 9; su dominio se extenderá de mar a mar (desde el mar Muerto al Mediterráneo) 10 y desde el río (el Eufrates) n hasta los confines de la tierra. La perspectiva se amplía, y la mente del salmista se proyecta sobre el universalismo de los tiempos del Mesías.

Los pueblos paganos — bestias del desierto — le rendirán pleitesía, y los que se obstinen en hacerle oposición tendrán que morder el polvo 12. Los reyes de la lejana Tarsis — en la desembocadura del Guadalquivir: Tartessos de los griegos 13 — y los de las islas o ciudades costeras del Mediterráneo 14, juntamente con los soberanos árabes de Sheba y Soba 15, vendrán a entregar sus tributos. Es justamente lo que se anuncia en los vaticinios gloriosos de la segunda parte del libro de Isaías: el reconocimiento universal de la preeminencia mesiánica del pueblo judío, simbolizado en su Rey ideal, el Mesías.

  Especial solicitud por los menesterosos (12-15). 12 Porque salvará al indigente que implora y al pobre que no tiene quien le ayude. 13 Tendrá piedad del débil y del menesteroso y salvará las almas de los pobres. 14 Rescatará sus almas de la opresión y de la violencia, y será preciosa su sangre a los ojos de él. 15 Que viva, pues, y désele oro de Sheba; que se ore por él continuamente y que se le bendiga todo el día. Llevado del sentido de la equidad, el Rey ideal sabrá salir por los derechos de los desvalidos 16; no será altanero, a pesar de sentirse honrado por todos los reyes de la tierra, sino que, al contrario, estará al servicio de los más necesitados de la sociedad. Su brazo estará siempre dispuesto a salvar ¡as almas o las vidas de los necesitados (v.13), librándolos de los opresores y exactores.

Los déspotas orientales favorecen a los ricos que les adulan y ofrecen presentes; en cambio, el Rey futuro de Israel se preocupará justamente de los que no pueden ofrecerle nada. No permitirá que se les oprima, y menos que se les quite la vida, porque será preciosa su sangre, ante sus ojos l7, y no permitirá que se derrame impunemente 18. Con esta su conducta magnánima y generosa, el Rey se granjeará la estimación de los humildes, los cuales oraran por él incesantemente y le bendecirán 19.

  Fertilidad edénica y gloriosa del rey (16-17). 16 Habrá abundancia de trigo en el país; en las cimas de los montes ondularán las mieses como (árboles del) Líbano y florecerán en las ciudades como la hierba de la tierra" 17 Será su nombre bendito por siempre; durará mientras dure el sol, i y se bendecirán en él todas las familias de la tierra 20, y todas las naciones le aclamarán bienaventurado. 

Los vaticinios profetices hablan de abundancia de cosechas en los tiempos mesiánicos21. El salmista recoge esta tradición y, con bella hipérbole, presenta los trigos altos como árboles del Líbano, dominando las colinas y valles, mientras la población se multiplicará en las ciudades como la hierba de la tierra. Todos se sentirán felices en la nueva situación y bendecirán al que atrae la excepcional protección de Dios sobre el pueblo; y en él se bendecirán todas las familias de la tierra, según la antigua promesa hecha a Abraham 22. Nadie se sentirá ajeno a la felicidad de los tiempos mesiánicos.

  Doxología final (18-20).
18 Sea bendito el nombre de Yahvé, Dios de Israel, el único que hace maravillas. 19 Y bendito sea por siempre su glorioso nombre, y llénese de su gloria toda la tierra. Amén. Amén. 20 Aquí acaban las preces de David, hijo de Jesé.

Esta es la doxología acostumbrada, que cierra cuatro libros o colecciones del Salterio, y por eso se considera añadida al salmo. Con ella se cierra el segundo libro o colección de salmos, davídicos en su mayor parte 23.

Yahvé es el Dios único, que, como tal, hace portentos y maravillas en favor de su pueblo y de los que le son fieles 24. Su nombre glorioso es el reflejo de su majestad y es prenda de salvación para el que en El se confía. Toda la tierra debe dejarse penetrar e invadir de su. gloria o manifestación esplendente de su poder y magnificencia. A estas aclamaciones del coro respondia el pueblo; Amén. Amén, que incluyen la idea de asentimiento y entrega 25.

El compilador añade: Aquí acaban las preces de David, sin duda para distinguirlas de los salmos que siguen, adscritos a la familia de Asaf. En los libros cuarto y quinto vuelven a aparecer salmos da vícheos;

La tradición judeo-cristiana ha entendido este salmo en sentido mesiánico. Así se declara en el Targum26. Los Santos Padres comúnmente ven en este rey cantado en el salmo al Mesías 27. Los autores católicos, sin embargo, no convienen en determinar si ha de entenderse su mensaje mesiánico en sentido directo literal o indirecto típico 28. Por nuestra parte, creemos que el salmista, con ocasión de la entronización de un nuevo rey, ha proyectado sus esperanzas mesiánicas, conforme a la tradición de los vaticinios proféticos, viendo en él la continuación de la dinastía davídica, que habría de culminar en la aparición del Mesías, el Rey por excelencia, a quien únicamente se pueden aplicar las expresiones universalistas del poema.

1 Cf, Gen 12:3; 18:16; 22:18; Ex 23:31; Job 29:12; Is 32:1; 60:6-9; Zae 9:10. — 2 Cf. Is-11 3s; 32:1s. En el prólogo del Código de Hammurabi dice éste: "Entonces El y Bel me llamaron... para promover el bien de los hombres, para hacer valer el derecho en el país, para exít uuinar al prrverso, para impedir que t-l podrioso oprima al débil, para aparecer ante los hombre3 Cf, )1 4:111; Ara 9:11. — 5 Cf, Is 2:4; 9:5-6; 11:7 ; 12:15-20; Zac 9:10, — 4 Cf. Is 45:8; 65:11; Sal 85:12. c Cf. Zac 9:10. — 7 Lit. el TM: <'Las bestias del desierto." LXX y Vg: "Aetiopes." Cf. Is 13:21; 34:14; Jer 50,39; Ez 34:28: en estos textos se aplica a los estados vencidos paganos. — 8 Cf. 1 Re 1:31: "¡Viva el rey por siempre!"; fraseología áulica asirobabilónica encontramos frases similares: "... Que Asaradón viva largos días...; tía a su trono la solidez de la roca, mientras que existan el cielo y Id tierra haz estable bu reino" (C. Jean, Le Milieu Biblique II p.soy). Cf. ibid., p.395. — 9 Cf. Os 6:3; Is 55:10-11; Dt 32:2; Job 29:22-23. — 10 Cf. Ex 23:31- — 11 Cf. Gen 15.18; 1 Re 5:1.4; Zar ojo; Fíelo 44:21. — 12 Cf. Is 4g,23; Miq 7:17. — 13 Cf. A, Vaccari (Roma 1025) p.135, — 14 Cf. Is 23:6; Sal 96:1; Is 42:4; Sof 2:11; Jer 31:10. — 15 Cf. Gen 10:7; 1 Re 10:1s; Is 60:6; Jer 6:2; Ez 27:22; Is 43:3; 45:14. — 16 Cf. Sal 40:2; 82:4; Is 10:2; Am 4:1. — 17 Los LXX, Teod. y Vg leen “su nombre” en vez de “su sangre” (cf. Sal 9,τ). — 18 Cf. Sal 116:14; Sam 26:21; 2 Re 1:13. — 19 Cf. Sal 20:1s; 61:7-8; 63:12. — 20 "Familias de la tierra" falta en el Ttvf, pero está en los LXX. — 21 Cf. Is 30:23; Ex 34:26; Os 2:23-14; Jl 4,T8;'Am 9:13. — 22 Cf. Gen 12:3. — 23 Cf. Sal 41:14; Sq.qr; 106:47. — 24 Cf. Sal 86:9; 136:3; Job 9:1 — 25 Cf. Sal 106:47. — 26 Véase Paráfrasis caldea, com. al v.1. — 27 Cf. San Atanasio, Expos. in Ps. 71: PG 27:323; San Jerónimo, In Ps. 71: PL 26, 1089; San Agustín, Enarrat. in Ps, 71: PL 36:901. — 28 Véase M. J. Lagrance: RB 14 (1905) 45; L. Dennefeld: DTCh X (1929) 1456; E. Ceuppens, De prophetiis messianicis in Λ.Τ. (Roma 1935) 417; J. Calιs, o.c., I 687; E. Po-Dechard, O.C., í 313.

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