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Salmo 17 (16)


Súplica de un inocente perseguido o injustamente acusado, que apela al tribunal de Dios. Afirma su inocencia y acusa a los enemigos, pide al juez que examine la causa y pronuncie sentencia y la ejecute. Durante la noche, hasta la hora de la sentencia, goza del asilo del templo, por la mañana será admitido a la presencia de Dios. El patrón judicial explica coherentemente muchos datos; con todo, algunos proponen una lectura en clave militar: el jefe, acosado y amenazado, pide auxilio al Señor. Los comentaristas antiguos dicen: voz de Jesucristo en la pasión, de la Iglesia en la persecución. Y el verso final lo aplican a la resurrección. [L. Alonso Schökel]

1 [Oración. De David.]
Señor, escucha mi apelación
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño:
2 emane de ti la sentencia,
miren tus ojos la rectitud.

3 Aunque sondees mi corazón,
visitándolo de noche,
aunque me pruebes al fuego,
no encontrarás malicia en mí.

Mi boca no ha faltado
4 como suelen los hombres;
según tus mandatos, yo me he mantenido
en la senda establecida.
5 Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,
y no vacilaron mis pasos.

6 Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras.
7 Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha.

8 Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas escóndeme
9 de los malvados que me asaltan,
del enemigo mortal que me cerca.

10 Han cerrado sus entrañas
y hablan con boca arrogante;
11 ya me rodean sus pasos,
se hacen guiños para derribarme,
12 como un león ávido de presa,
como un cachorro agazapado en su escondrijo.

13 Levántate, Señor, hazle frente, doblégalo,
que tu espada me libre del malvado,
14 y tu mano, Señor, de los mortales;
mortales de este mundo:
sea su lote esta vida;
de tu despensa les llenarás el vientre,
se saciarán sus hijos
y dejarán a sus pequeños lo que sobra.

15 Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me saciaré de tu semblante.
Los versículos entre [] no se leen en la liturgia


Comentario

www.comjesus.org/salmosNTERNET

Durante todo el texto podemos ver que el salmista pide suplicante la ayuda de Dios, pide ser escuchado por el Señor, para eso recurre a declarar su inocencia, se agarra a esa inocencia para reclamar de Dios justicia. El salmista se juzga según la ley de Dios. Reconoce que Dios puede sondear la conciencia y el corazón del hombre.

Podemos pensar que esta oración suplicante nace en el templo que probablemente podía funcionar como un tribunal, donde el justo acude para pedir auxilio, las palabras "noche" y "amanecer", hacen pensar que al amanecer del día siguiente pueda dictarse sentencia, a lo cual él anteriormente (en la noche), acude a Dios suplicándole que haga justicia; argumenta que su conciencia, sus labios, sus pasos; es decir, todo su totalidad en cuanto persona no se han desviado de las huellas de Dios. Reconoce a Dios como Señor y dueño de todo, incluso de nosotros mismos, por eso ante Él presenta su declaración de inocencia.

Cabe también señalar que el salmista se siente completamente solo, por lo que busca la protección de Dios (Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme). El justo cree que Dios escucha su súplica, que es su protector, que considera al justo como a las niñas de sus ojos, como su tesoro más amado. El salmista nos hace ver que Dios con su rostro, sus labios, sus huellas, sus ojos, es decir con todo su ser, se compromete de tal manera con nosotros recordándonos su alianza perpetua de amor y de entrega.

De tal manera, hoy para nosotros, a la luz del Nuevo Testamento Cristo es nuestra fuerza, ya que se ha comprometido de tal manera con nosotros que esa protección de Dios se hace más tangible, Jesucristo encarna esa alianza de Dios con nosotros. Él es nuestra fuerza, nuestro sol y nuestro escudo.

Jesús se comprometió y sigue comprometiéndose con los perseguidos, con los afligidos, con los abandonados, los marginados, y todos nuestros hermanos que de alguna manera, como el justo del salmo, se sienten solos y perseguidos. Jesús incluso nos dejó una clara enseñanza de que esta alianza cuando dijo: «Dichosos los perseguidos a causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos» y también en el Evangelio de Juan cuando Jesús afirma que conocía el interior de las personas (2, 25).

Hoy como el salmista, confiemos que Dios es nuestra protección, que Jesús es nuestra fuerza, que no estamos solos ante las dificultades de la vida, pero también como el salmista reconozcamos a Dios como Dueño y Señor de nuestra vida y confiémosle todo nuestro ser.


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